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Ciudad del Cabo
Acercándonos al Mundial de Sudáfrica 2010.
Miércoles 16 de Septiembre de 2009
Como buen puerto que es, Ciudad del Cabo o Capetown se muestra liberal, tolerante y cosmopolita. Tres virtudes que se notan en cada rincón de esta permanente candidata a la urbe más hermosa del mundo.
Subirse a la Mesa. La curiosa forma de la Montaña de la Mesa (una meseta completamente plana a más de 1.000 metros de altura) la ha convertido en un símbolo de la ciudad, y hay que subirla a como dé lugar. Desde arriba se tiene una panorámica inmejorable de Ciudad del Cabo y de buena parte de la región. Puede usar alguno de los trescientos circuitos de trekking, o el moderno andarivel panorámico que va girando mientras avanza para que nadie se quede sin ver. Pasaje andarivel: desde 9 dólares; 4 dólares para menores.
Jardinear. A pocos minutos del centro, en las laderas orientales de la Montaña de la Mesa, está el jardín botánico de Kirstenbosch, donde se conserva nada menos que la mitad de las 18 mil especies endémicas de Sudáfrica, incluyendo la protea real, la flor nacional. Un paseo imprescindible al atardecer, especialmente cuando hay presentaciones de la Orquesta Sinfónica del Cabo en el anfiteatro al aire libre.
Llegar al Cabo. La Reserva Natural Cabo de Buena Esperanza tiene dos atractivos: fauna nativa a la mano (cuidado con los desvergonzados monos que se suben a los autos en la entrada) y la Punta del Cabo, una de las más famosas zonas de navegación del mundo. Los turistas se conforman con llegar al faro (el más poderoso del hemisferio sur), pero si quiere estar en el legítimo extremo suroccidental de África, debe usar un desvío discretamente señalizado.
Recorrer Long Street. La más famosa avenida de bares, restaurantes, centros culturales, discotecas, librerías y tiendas en la ciudad es ésta, Long Street, varias cuadras de viejos edificios de dos o tres pisos reciclados. Algunos de los sitios de moda en este sector son el Club More (con un bar interminable, gran pista de baile y presentaciones de diyéis internacionales; 74 Loop St.), 169 on Long (jazz los viernes y un excelente balcón sobre la calle; 169 Long St.) y The Fez (decoración estilo marroquí y una pista de baile pequeña, donde se aprietan chicos y chicas que parecen salidos de una agencia de modelos; 38 Hout St.).
Sentirse en Malasia. Bo Kaap, o Malay Quarter, es el sector de los descendientes de los antiguos esclavos de Costa de Marfil, Mali, Madagascar y Malasia, que se puso de moda entre los jóvenes profesionales por sus arriendos baratos y la vida de barrio. Tres hitos para conocer: Auwal (la mezquita más antigua del país; Dorp Street), el restaurante Biesmiellah (gran vista de la ciudad; 2 Upper Wale St.) y Bo Kaap Museum (71 Wale St.).
Catar vinos. Las instalaciones de las prestigiadas viñas cercanas a la ciudad sorprenden. Por ejemplo, en Stellenbosch, Spier tiene una estancia de estilo holandés con enormes praderas, galería de arte, restaurante, anfiteatro y una tienda que vende vino, pan fresco, quesos, jamones y toda clase de delicias: se paga por una canasta, la rellena a gusto, le prestan la manta y puede irse de picnic. Rutas del vino: Constantia, Helderberg, y Durbanville.
Elegir su playa. A minutos de la ciudad está la taquillera Clifton (elegida por Travel Channel entre las mejores playas de 2003) y Camps Bay. En la misma ruta encuentra el elegante sector residencial de Llandudno, con una de las playas más bonitas del Cabo, y Sandy Bay, el único balneario nudista de la región. Del lado oriental de la península está Simonstown, elegante poblado donde encuentra una de las playas más fotografiadas del país y que se reconoce de inmediato por su hilera de coloridas casetas para cambiarse de ropa.
Ir al mall. El Victoria & Alfred Waterfront es lo que resultó del reciclaje de un destartalado sector del viejo puerto. Ahora tiene una agotadora oferta de tiendas de lujo, locales de artesanía, hoteles cinco estrellas, discotecas, restaurantes y panoramas que van desde shows callejeros de grupos zulúes hasta música clásica al aire libre.
Bucear con tiburones blancos. Suena a locura, pero es muy popular. Uno se pone traje de buzo, se mete en una jaula y se sumerge a esperar que los tiburones sean atraídos con una carnada. Se hace en sitios como False Bay (entre isla Dyer y Geyser Rock) y Gansbaai.
Al mercado. El Greenmarket tiene artesanía - e inmigrantes- de todo el continente. Además hay puestos de antigedades, artistas callejeros y aspirantes a bohemio que se instalan en Le Petit Paris, café que recuerda a los franceses que dieron estilo al sector. Cerca está Church Street, con tiendas donde venden antigedades como cucalones o rifles de caza.
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